Historias de Rock con el 8: Pulp Fiction


No me va el rollo este del clickbait, crear titulares sugerentes y demás para animar, muchas veces estafando, para conseguir más visitas. Ejemplo: «Santi Pekeño Ternasko lo deja todo por Ana Rosa Quintana». Entras en la noticia: «Santi Pekeño Ternasko había cambiado sin querer a Telecinco y, al ver a AR, ha tirado todo al suelo para cambiar cuanto antes». Pues hoy vamos a romper dos techos de cristal: primero, voy a hablar de una banda sonora por primera vez (vale, con Django Reinhardt hablé de parte de una banda sonora), y segundo: «Quentin Tarantino me salvó de la droga».

Por Teodoro Balmaseda
La parada del mes: Pulp Fiction-Original Soundtrack. 1994.

Tendría unos doce o trece años cuando, yo creo que fue Canal+, esos del decodificador de la llavecita (si tienes menos de treinta, estarás mirando la pantalla con cara de portero goleado), que hicieron un especial Tarantino. Pasaron su por aquel entonces total filmografía: Reservoir dogs, Jackie Brown y la que nos ocupa: Pulp Fiction. Me mordí el labio al ver el tráiler, moviendo los ojos de un lado al otro como el malo de un capítulo de Colombo, programé el video (VHS, aquel viejo amigo) y me la puse en cuanto estuve un rato solo. Menuda transgresión, Thug life, madfackas.

Por aquel entonces pasaba una fase de curiosidad por las drogas. Había algo mágico, alquímico, en el tema. A ver, te duele la cabeza, te tomas una pastillita, y listo. Inhalas con todas tus fuerzas y tu cerebro se lleva de buen rollito. Te taponas un caño de la nariz, pegas una rascada como un coche de rally en una curva jodida, y estás hecho un caballo de carreras. Un pinchacito y te vas al mundo de las ideas, como decía Platón. O el LSD, un azucarillo cúbico, unas gotitas por aquí, y acabas viendo el universo en una gota de lluvia.

Antes de que la brigada de estupefacientes irrumpa tirando la puerta abajo, dejadme terminar. Tenía trece años. Todo lo que había más allá del mundo que conocía era maravilloso, y la vida que frecuentaba —básicamente ir a mi bola en mi casa o estar en el puto colegio— era una mierda. Ni siquiera se puede decir que fuera adolescente. Aún no me llamaban la atención las chicas y no intuía siquiera la vida adulta que ha venido.

El caso es que empieza la peli. Que si la mierda por aquí, chute por allá, una rayita que se escapa… Samuel L. Jackson como un tipo terrorífico precisamente por esa elocuencia, esas rimas puntuales y esas citas bíblicas, Travolta hecho unos zorros (personaje y actor, si no es por esta peli, estaría vendiendo melones en una salida de la autovía), pasadísimo de kilos, pero bailando… qué cabrón Travolta. En mi próxima vida quiero bailar como el Travolta gordo. ¡Ya tengo el cincuenta por ciento del camino hecho!

En resumen, después de verlos bailar e iniciar este odio envidioso que me corroe con el puñetero Travolta, Uma Thurman se convierte en la aspiradora humana. Yo estaba esperando un viaje divertido, una flipada, o que empezase a bailar como el de «pim pam, toma lacasitos».  Pues sale un hilito de sangre, y su cerebro se desconecta. Para cuando la ve Travolta está llena de babas.Yo subiéndome al sofá mientras el coche de Travolta va como un misil, la va a espichar… y llega el campeón, una jeringa como las que usan para inseminar yeguas pura sangre, en mitad del pecho, directo al corazón, como las baladitas románticas, y la menda, blanca, ojerosa y llena de babas, vuelve de entre los muertos. Ríete tú de Lázaro… o de The Walking Dead. Seguro que hay mil médicos diciendo que meterle un chute de adrenalina en medio del corazón es una soplapollez del tamaño de la Antártida, pero joder, misión cumplida.

En ese momento tuve una epifanía: al carajo. Paso de banderillas medicinales. Desde entonces, el contacto más íntimo que he tenido con las drogas han sido un gintonic (uno y no más), o un par de cañejas en un día caluroso. Ni cigarros, ni hierba, ni rayas, ni pinchacitos, ni azucarillos trucados. Me tiene que estar jodiendo vivo la jaqueca para que me tome un puto ibuprofeno. Tengo una especie de antivirus en el coco. A lo mejor cuando esté para cascarla me pongo ciego de un montón de cosas ilegales, pero lo dudo. Tengo tres neuronas funcionando, quiero que estén despejadas.

Cine y música van hoy de la mano y, te caiga mejor o peor, hay que quitarse el sombrero con Tarantino. Arrampla con actores en lapsos malos: Ving Rhames era prácticamente desconocido (Sonny Listón de mi corazón), Tim Roth… Travolta ya lo he dicho, perdido, Bruce Willis estaba en plena depre porque sus entradas iban a mayores… Arrampla con canciones olvidadas de la mano de Dios: Chuck Berry, Kool & the Gang, Al Green… canciones que habían caído en el olvido pero que eran (y son y serán por los siglos de los siglos) deliciosas. Joder, llevo toda la semana escuchándola de fondo, y esto es música para tocarse. Hay canciones más o menos conocidas y otras más anónimas. Hay cantantes que son leyendas, y otros más inmersos en el arroyo… pero todos son la hostia. En serio, va a ser la mejor hora del día. Y como despedida:

El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la injusticia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del valle de la oscuridad, porque él es el guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa colera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos, y tú sabrás que mi nombre es Yavhé …Cuando caiga mi venganza sobre ti.

La vida a veces tiene aprendizajes paulatinos, y otras la experiencia llega de golpe, como una patada en la jeta… o un jeringazo en el corazón. Reconozco que, entre el shock de la droga, la violencia y tal… no me gustó. Ahora que la veo con otra perspectiva, me flipa. Es una obra maestra.

Por haberme dado una lección que me ha convertido en el hercúleo Adonis que está al otro lado del teclado y haber establecido las bases de mi gusto cinematográfico y musical:

Pulp Fiction-Original Soundtrack.

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