Historias de Rock con el 8: Rigidez Kadavérika


Marcelo Emilio Álvarez. Para el resto del mundo, ex batera de Gatos Sucios, Bomber, Jorge Berceo, Sonic Sisters, Bicho*Z… para mí y unos pocos más, Marcelito, mi amigo. Este hombre en mi vida desempeña un doble papel: no sólo es alguien con el que tengo gran afinidad artística y personal, sino que cumple un rol de guía, de Virgilio en el inframundo, como si fuera a la vez un reflejo de mí mismo con algunos años más, ya de vuelta de donde quiera que yo me dirija.

Por Teodoro Balmaseda

En el año 89 estaba yo saliendo del parvulario o, como mucho, empezando la EGB antes de reconvertirla a Primaria. Pues mi colegui Marcelo había lanzado un álbum muy punky. Si lo hubiera escuchado con cinco años, seguramente me habría echado a correr.

Es una cosa curiosa. Están al otro lado del mundo, hablan con un acento extraño, pero ahora que lo oigo me siento como en casa. Iglesia tiene ese rollito que tantísimo se echa de menos en tiempos de perreos y trapurbaneta, Iglesia, basura, vos sos la dictadura. Claro, sencillo y directo al cerebro. Un espíritu Kortatu lleva en Clases a que Marcelo salga como un caballo desbocado. Un bajo a lo M.C.D., guitarreo a todo trapo… y temas de poco más de un minuto. Me estaba acordando, al oír el comienzo de Yankis goujoum de un tramo de Apocalipsis now, cuando los Charlies estaban cerca y había un cabronazo del VietCongque se pasaba toda la noche con un altavoz, al otro lado del frente: Jódete, yankee, te mataré. Marcelito tira de caja, con un aire marcial, para lanzar una guitarra y un bajo potente, garajero, guarro. Ahora que lo vemos treinta años después, ¿tenían o no razón? Esa bota imperialista no se la ha sacudido América latina… ni Europa, de aquellos polvos, los lodos de hoy en el este.

Me flipa el bajo de Nena tarada. Es una versión punky del Eye of the tiger, de Survivor, pero en vez de ver a Stallone subir escaleras a saltos, tratamos de sobrevivir a un pogo mortal. Treinta mil es la versión argentina del «reabrir heridas». Ya sabes, las madres de plaza de mayo, que son unas exageradas. El amigo Videla, subía a opositores políticos en helicópteros y los tiraba al mar. Acá usamos las cunetas. La única diferencia es que allá no cambiaron los colores de la bandera, ni la han usado como arma de exclusión los unos contra los otros.

¡Cambio de tercio! Se pone un rollo medio ska… hasta que entran las guitarras. Nikaraguay los sandinistas. La CIA también estuvo allí. Lo bueno que tiene es que las clases de historia son fáciles. ¿Golpe de estado en un país extranjero donde EEUU tiene intereses? La CIA. ¿Una guerra por la libertad, como aquellos muyahidines que luego no tenían tanta libertad? La CIA. ¿Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta? Reagan… con la CIA.

Rigidez kadavérika es puro M.C.D. en Pánico en las calles. Sergio mete mil palabras por segundo, pero logra no trabarse, mientras mi colega Marcelito demuestra el cardio de las sentadillas a trabucazos con la caja.La guardia imperial tiene un rollo Pastelarium, de La Polla Récords. A ver, no es que sea una baladita romántica, sigue teniendo ese espíritu rabioso, pero no va tan desbocado. Mundo de hoy, es una especie de No más punkys muertos, de M.C.D., con Cervezas y porros, de S.A. lo que digo, como en casa. Y esto es un mensaje del año 89 que puede ser perfectamente reproducido a día de hoy. Cada día más tontos, en cantidad y calidad, terraplanistas, negacionistas, racistas, fascistas y gilipollistas. Con suerte la glaciación dejará un mundo dabuten a los pulpos, o a las cucarachas, o a los langostinos.

Tropas de noche es la última de estudio. El bajo presidiendo la sala de máquinas, con un Marcelo que ya le molaba tirar de plato, aunque la parte bombo-caja la llevaba a otro rollo muy diferente a la que le he conocido posteriormente.

Nenito de limpio uniforme ya es un directo de punk. Sin grandes alardes técnicos ni vocecitas de toques diamantinos. Pura energía, como el Violencia macarra, de los M.C.D. Sí repito mucho M.C.D., pero vete a hablar de punk sin nombrarlos.

En resumen, los griegos pensaban que cuando cruzabas al Hades perdías la memoria por completo, y te convertías en una sombra que vagaba de un lado a otro sin saber muy bien a dónde ni por qué. La única manera de recuperar fugazmente tu identidad era con la sangre de los sacrificios en tu honor. Si pasabas demasiado sin sacrificios, terminabas por desaparecer, como un susurro en el viento. Yo creo que, a los artistas, le peguemos a lo que le peguemos, nuestra obra sirve de esa sangre de sacrificio. Un liviano rayo de luz que nos libra de la oleada de desmemoria e inmediatez que nos pisa los talones. No seremos ricos ni millonarios, pero podemos grabar con una navaja en un trozo de madera: «Yo estuve aquí».

Por ser un referente para mí del punk argentino y servirme, a la vez, para homenajear a una de las mejores personas que ha dado la música mundial:

Rigidez Kadavérika. Más dementes. 1988-1989.

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